Jóvenes Afrodescendientes en el Perú: Desafíos frente al Decenio.
Solo 1.9% termina la Educación Superior
En el Perú, según un estudio del Banco Mundial y Grade (2008), el 13% de los afrodescendientes no accede a colegio primario, el 30% no concluye la secundaria, el 6% accede a estudios superiores y solo el 1.9% logra terminar los estudios superiores, estos datos evidencian una real exclusión del sistema educativo nacional, pues la pobreza y la discriminación étnico – racial los obliga a desertar de las instituciones educativas, además de priorizar trabajos no bien remunerados, el subempleo y los llamados “cachuelos” que satisfacen necesidades económicas inmediatas, fortaleciendo indirectamente los prejuicios y estereotipos hacia la población afrodescendiente que se sustenta en la incapacidad de desarrollarse en puestos de alta gerencia y oficios de alto nivel profesional.
Es muy difícil ver a mujeres jóvenes afrodescendientes como cajeras de bancos, secretarias o en puestos de atención al público, pues la "buena presencia" repliega a la población afrodescendiente a desarrollarse en ciertos espacios laborales, convirtiéndose en fuertes barreras de desarrollo personal y profesional. A eso se suma los prejuicios y estereotipos en los medios de comunicación que visibilizan a la población afrodescendiente como deportistas, bailarines y cocineros o en el peor de los casos como tontos, ladrones e incluso exagerando sus rasgos físicos en programas cómicos de señal abierta, generando que el racismo se camufle en lo gracioso y lo que debería ser risible, mellando la identidad y autoestima de los niños y adolescentes afrodescendientes, la cual se encuentra poco fortalecida por los textos escolares ante una débil enseñanza de los aportes africanos y afrodescendientes en la historia y en la construcción de la nación.

Si bien es cierto, son pocos los países que evidencian estadísticamente la realidad de las y los jóvenes afrodescendientes, Brasil, Colombia, Ecuador, Costa Rica, Panamá, Honduras, entre otros, no es casualidad que los jóvenes afroperuanos se encuentren en las zonas urbano marginales y en lugares con altos niveles de pobreza e inseguridad ciudadana. En Lima, las quintas hacinadas de Barrios Altos, Rimac, La Victoria, La Av. La Paz en San Miguel o el mismo Callao; las Favelas de Rio de Janeiro y Sao Paulo en Brasil son un claro ejemplo de ello a nivel regional.
Ante esta realidad y en el marco del “Decenio Internacional de los Afrodescendientes" declarado por las Naciones Unidas, mediante Resolución 68/237 para el Periodo 2015 – 2024, resolución que insta a los estados miembros a realizar acciones que reduzcan las desigualdades étnico-raciales de esta población, es fundamental contar con datos oficiales actualizados y desagregados por etnia y edad que sirvan como sustento en las políticas públicas de juventudes, además de fortalecer la etnoeducación y los mecanismos de sanción de los actos de discriminación dentro de las instituciones educativas en todos sus niveles, centros laborales, medios de comunicación y en la sociedad en general.
La implementación de acciones afirmativas que garanticen el acceso y permanencia de las y los jóvenes afrodescendientes en las instituciones de educación superior, reducirán los bajos índices de culminación de dichos estudios y abre la posibilidad de obtener empleos mejores remunerados, además de ampliar de sobremanera los referentes de nuestros niños y jóvenes afrodescendientes.
Las políticas públicas en materia de juventud y los diferentes programas de acceso a la educación e inserción laboral juvenil del estado ( Jóvenes a la Obra, Beca 18, etc ) deben incluir un enfoque étnico - racial y priorizar aquellas comunidades con alta presencia de población afrodescendiente, en su mayoría rurales, además de construir espacios de participación donde la juventud afrodescendiente y las organizaciones juveniles afrodescendientes puedan involucrarse en los procesos de toma de decisiones de la política pública a nivel local y nacional.
Sin embargo, un mayor reto consiste en que la juventud afrodescendiente se identifique como afrodescendiente, reconozca su realidad socio-económica resultado de siglos de esclavización, y su indignación persiga el compromiso de vinculares a la vida política del País y la gestión pública, a manera de que sean ellos los principales actores y protagonistas del desarrollo de sus comunidades históricamente discriminadas.